Seguimos con estos avances semanales.
El sonido de gritos y golpes apartaba el
silencio y hacían eco con el techo del segundo gimnasio de la preparatoria.
Todo el alumnado de Karate observaba pelear a dos de las tres muchachas de la
clase. Una de ellas dio contra la lona y el combate se dio por terminado en
automático. BORRAO 26 de septiembre
—¡Muy
bien, chicas! Vayan por agua y después practiquen sus patadas —ordenó Yan con
la casaca puesta.
Maya
caminó con determinación desde las gradas y se plantó al borde de la duela. Las
dos canchas que conformaban el edificio redujeron su escándalo. Había decidido
darle una oportunidad a la persona que conocía mejor a Yan en toda la escuela.
La chica observó que había un nuevo alumno sentado en posición de respeto —con
las rodillas al piso y la espalda erguida—. Reconoció que era David, el
capitán de beisbol quien lucía dos moretones en la cara y una gota de sangre en
la casaca. Apenas la vio, agachó la mirada.
—Buenos
días —saludó la chica e hizo una reverencia—. ¿Me permites unas palabras, Yan?
“Uuuuy”,
se escuchó del corro de todos los estudiantes.
—¡Silencio!
—ordenó Yan y se callaron en el acto.
—¿Podemos
hablar un momento, por favor?
—¿Ya
no me tienes miedo? —Alzó una ceja. No había sonrisa en su rostro—. Lo que
tengas que decir, puedes decirlo frente a toda la clase.
Maya
se sonrojó, pero inspiró y habló con claridad.
—Fui a hablar con Gis, quiero
decir con Bella, y me dijo que te dijera que dijo ella que me mostraras quién
es Yan en realidad… Por favor. —Agachó un poco la cabeza.
Todos los murmullos cesaron
al instante. El alumnado de basquetbol y de karate miraron alternadamente a
ambos. Nadie se atrevía a decir palabra.
—¿Me quieres conocer? —habló
por fin él—. Haz todo lo que yo hago en una semana. Confronta injusticias en la
escuela. Sé que para ti es difícil, Maya…
La clase de karate se puso
de pie e hicieron una reverencia torpe. El sensei Martín —un padre de familia
que era voluntario en la escuela— había entrado a la duela.
—Descansen, muchachos. Ah,
Yan, gracias por entrenarlos en lo mientras. Veo que tenemos una cara nueva.
¿Ya tomó un combate tan pronto? —preguntó al ver los moretones de David.
—Ya, hanshi, tiene
potencial, pero mucho que aprender.
El maestro volteó a ver a
Maya y se aclaró la garganta.
—Y veo que tienes asuntos pendientes
con tu amiga. Ya se pueden ir. Maya, buenas tardes. ¡Todos en parejas! —ordenó
a su clase—. Practiquen bloqueos. El nuevo, venga conmigo.
Yan le hizo una seña educada
a Maya para que lo siguiera.
—¿Combatir las injusticias? —preguntó ya
afuera del gimnasio mientras andaban— ¿Eso haces?
—Así
es, Maya. Para ti debe ser nuevo, porque no confrontas ni las tuyas —masculló.
Ella
se había dado cuenta que era la segunda vez que la llamaba por su nombre.
—¿Cómo
que no lo hago? Por eso estoy en servicio social y en la Mesa del Alumnado.
Ella
se refería al organismo que fungía como concejo estudiantil.
—¿En
serio, princesita?
Ahora
Maya sí sintió la normalidad con esa palabra. Era el Yan que ella conocía.
—¡Por
supuesto! Desde los oficios, hasta mi trabajo con el equipo de Atletismo.
—Eso
solo es burocracia. Tú no confrontas al director. Dejas que ese imbécil te ninguneé.
Pero me refiero a que, si me quieres conocer, te pongas en mi lugar. Ayuda a
los demás, aunque se vea mal. Yo siempre me veo mal cuando lo hago, haz
memoria. Acompáñame todo un día para que me veas en acción. Y si crees que soy
mala persona o mal amigo, sal conmigo un día.
Maya
alzó una ceja y se detuvo.
»Salir
conmigo, como solía salir con Bella.
—¿Solo
porque ella lo dijo? —Lo siguiente que iba a decir, no salió de su boca.
—Es
mi mejor amiga y ya que lo pidió como un favor, lo haré. Te mostraré el
verdadero corazón de la Bestia. Nos vemos el lunes, princesita. Pide permiso en
servicio social —sentenció y apresuró el paso a la Academia de Deportes.
Maya
se quedó con un silencio que era habitual en esa parte de la Escuela.

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