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 Hoy que me visitas te quiero recordar, que aunque hayas partido en mi corazón vivirás. He dejado un tequilita para que puedas disfrutar. Es...

 Hoy que me visitas

te quiero recordar,

que aunque hayas partido

en mi corazón vivirás.


He dejado un tequilita

para que puedas disfrutar.

Es solo un “probete”

no te vayas a empedar.


Disfruta la comida

es de todo corazón.

Carga una moneda 

y vete sin preocupación.


No te quedes agobiado,

yo me las puedo arreglar…

Espérame al otro lado

porque tardaré en llegar.


Khan Medina

poesía


¿Sabes qué espero? Espero que estés bien. Porque así debería ser para los sacrificados, para los honorables, para los responsables, para los...

¿Sabes qué espero? Espero que estés bien. Porque así debería ser para los sacrificados, para los honorables, para los responsables, para los justos... Quisiera que te vaya mejor que a mí y que todo tu talento lo explotes en cuantas manifestaciones artísticas encuentres. No te quedes varada en una jaula cuando lo tuyo es volar y explorar, cuando lo tuyo es la independencia. Eres un espíritu libre y quiero, con todo mi ser, que en tu libertad conmuevas al mundo.


Khan Medina

pensamientos


Y de nuevo me volvía a citar en el jardín. Su lugar odiado para ella. "Me caga" —solía decir. Pero ahí estábamos los dos. Su mirad...

Y de nuevo me volvía a citar en el jardín. Su lugar odiado para ella. "Me caga" —solía decir.


Pero ahí estábamos los dos. Su mirada encontró la mía y me sonrió. Esa sonrisa endulzaba el más oscuro y corrosivo veneno que guardaba en mi interior por culpa de mi ex.


Ah, mi ex... Una insensible monstruo que espero tenga un merecido… Mejor no hablemos de eso. Aún estaba amargado por eso, pero ella… Ella me alegraba el día, hacía que el Sol brillara con más fuerza. Era ahora o nunca...


Tenía que decirle, aunque fuese el pendejo más grande del mundo. Nada perdía, ¿o sí? De todas formas, ella era la chica más sensacional que conocía.


—Oye, te quiero decir algo.

—¿Mmmh?

—La verdad es que desde hace un tiempo te lo quiero decir, pero no me había armado de valor. Me gustas, y mucho. ¿Qué tal y salimos alguna vez?

Ella se mordió el labio en un gesto de duda. Y lo soltó de golpe

—No creo que nos entendamos… A mí me gustan las chicas.

—Oh... Pero creí que "también" te gustaban las chicas. O sea, chicos y chicas....

—Creo que lo entiendes mal... —Dijo mientras se sujetaba el brazo incómodamente y desviaba la mirada—. Creo que debo irme. Discúlpame, no creí que... Olvídalo. —Quitó importancia con un gesto—. Nos vemos después. —Dijo un tanto dubitativa mientras se marchaba.

Y ahí me dejo, plantado como el pendejo lento que siempre supe que era. <<¡Ah! ¿CÓMO PUEDO SER TAN PENDEJO?>>


Y la lluvia comenzó a caer... Y después más fuerte y más fuerte. Me quedé en una banca sentado sin darme cuenta. Mientras la lluvia hacía que el dolor fuese más ajeno.


Una señora tuvo la amabilidad de acercarse.

—Hijo, ¿te sientes bien?

—No lo sé. No me siento ni yo mismo.


Me levanté, le agradecí y me retiré a mi casa. Siendo honesto, esperaba un resfriado de la chingada. Nada. No me enfermé, pero el dolor estaba ahí, latente. Una semana. Una maldita semana y nada. No sabía nada de ella.


Hasta que sonó mi teléfono y el mensaje tan familiar: “Ven al jardín, hay que echar desmadre.” Me levanté y salí disparado. Me volvía a hablar y eso ya era mucho. Todo volvía lo más cercano a lo cotidiano. Y eso fue más doloroso al final. Ese maldito final en el que no tuvo el valor de despedirse. Y me duele, todavía me duele. Pero la recuerdo con mucho cariño. Sé que sufría mucho aquí e hizo bien en retirarse.


-Crónicas de lentos

Khan Medina


cuentos


Ahí estaba otra vez, ese maldito perro de ultratumba. Me miraba desde la esquina de mi alcoba. A pesar de mi cama con dosel, podía saber que...

Ahí estaba otra vez, ese maldito perro de ultratumba. Me miraba desde la esquina de mi alcoba. A pesar de mi cama con dosel, podía saber que estaba ahí, que me miraba, que se reía el desgraciado.


Rondaba por mi casa, husmeaba por las alcobas y se detenía en mi cuarto. Eran ya 3 meses, no recuerdo qué clase de acto impuro debí cometer, pero ahí estaba. Mi único refugio era las plegarias y el sueño. Funcionaba, pero él me desconcentraba, ladrando, burlándose.


Tenía una sucia expresión humana burlona, a veces rayaba en la locura, a veces en el desprecio. Y yo lo odiaba. En ocasiones lo odiaba más de lo que le temía. Con un tamaño enorme, unos ojos rojos saltones y una expresión en su horrenda cara que sólo tienen la peor calaña humana.


En una ocasión lo vi en la esquina de mi cama, viéndome fijamente, esperando a que soltara un grito... No le di ese gusto. Me quedé inmóvil hasta que la luz del día penetró por el ventanal y está condenada hueste del averno se largó.


Mi pesadilla acabó con un perro abandonado afuera del atrio de la Iglesia. No tenía alma para dejar al desgraciado ahí. Comía por dos, bebía agua como un caballo, tenía 10 veces mi energía y era miedoso y tembloroso como no se dan una idea. Era obvio que vivía con sus propios traumas.


La primera noche se despertó y gruñó a esa peste del averno en forma de perro. Tenía miedo, igual que yo, pero igual que yo, no flaqueaba. Las noches siguientes mi perro hizo lo mismo, se levantaba y resguardaba mi sueño, me protegía, era mi lanudo guardián. Me encariñe con el infeliz, lo mimaba, y él me quería incondicional a pesar de sus miedos y de sus traumas.


Quería a este otro perro, poco a poco lo veía más feliz. Cada día era menos tembloroso y menos miedoso. Cada noche el perro infernal iba apareciendo menos. En una noche de fe, pedí que yo fuese protegido, y el maldito ojo-rojo ya no volvió. Al final, yo me libré de mis demonios, y mi perro de los suyos.


Khan Medina


cuentos


 Vita tenía el corazón acelerado, cada palpitar retumbaba en su cuerpo e intentó serenarse, había conseguido el objeto para su amo y ahí est...

 Vita tenía el corazón acelerado, cada palpitar retumbaba en su cuerpo e intentó serenarse, había conseguido el objeto para su amo y ahí estaba, atrapada. Quería evitar el derramamiento de sangre lo más posible y había fallado. Había al menos diez guardias en los alrededores. Todos dispuestos a matarla. Había salido airosa de otros veinticinco. Nada mal.


Entonces se concentró y corroboró que había diez. El guardia más próximo se acercó al hueco en la pared donde ella se encontraba. Rápida como una flecha, clavó el filo de su daga en el cuello del pobre hombre. Antes de siquiera poder gritar, Vita le puso una mano en los ojos y el sujeto se desplomó como trapo. Nueve.


Vita corrió rápida como un río enfurecido y silenciosa como un fantasma. Había tres guardias más al frente. El más alto la vio, pero Vita no dejó que reaccionara. Los ojos de la chica tuvieron un fulgor rojizo un instante antes de que el guardia apuñalara a su amigo directo al corazón al intentar atacar a la chica. Vita simplemente golpeó la cabeza del de la daga con ambas palmas y el guardia se desplomó. El tercer guardia en cuestión intentó dar alarma, pero su voz no salió. Se empezó a marear y Vita lo remató con un golpe en la nuca. Sus ojos ahora brillaban completamente rojizos y un aura carmesí la envolvía. Seis.


Apagó el aura carmesí que la rodeaba y continuó. La salida estaba un poco más adelante. Echó a correr entre las sombras interrumpidas por débiles lámparas de aceite. Dos guardias más al frente. La divisaron justo cuando desenvainaba su espada y golpeaba a uno con el pomo de la misma. Un golpe certero en la sien de un soldado, y un golpe con la hoja de la espada al otro. Cuatro.


La asesina corrió hacia la salida trasera de la Fortaleza. Su andar era tan sigiloso que no tuvo problemas para llegar hasta los dos guardias siguientes. El par de imprudentes no tenían los cascos puestos. Hizo chocar sus cabezas y cayeron inconscientes gracias a sus habilidades. Dos.


Los últimos guardias estaban bajo la puerta que llevaba al puente y a su libertad. Se encaminó hacia ellos entre las sombras. Se acercaba y su palpitar se aceleró otra vez. Pesar. Sintió una oleada de arrepentimiento en su mente y tuvo que concentrarse para que no la abrumara. Avanzó un poco más. Furia. Esta vez estuvo preparada y resistió ese sentimiento. Había alguien más ahí. Alguien con una ira tan despiadada que la hizo estremecerse. Trató de buscar el origen de esas emociones tan inmensas. Era como si una cuadrilla de hombres furiosos se aproximara. Pero no, era sólo uno. Le resultaba tan familiar… ¿Acaso era…?


Seguía avanzando sin darse cuenta. Estaba al menos a diez pasos cuando una sombra cayó sobre uno de los guardias. La envolvía una fría determinación. El guardia cayó noqueado. El otro desdichado no alcanzó a reaccionar ante el agarre con las piernas que le aplicó la sombra. Cayó por un costado del puente con un grito ahogado. Ahora Vita no podía salir.


La penumbra que derribó a los soldados estaba frente a ella y pudo reconocer quien era. Lobo. ¿Qué hacía ahí? Pensó la asesina. Llevaba un objeto colgado de su brazo. Un libro. La capa ondeaba ante el ligero viento que había. Mostraba un aspecto espeluznante. Lobo se volteó y la miró. Su mirada indescifrable por la oscuridad. Ella se acercó a él, con la mano lista para desenvainar su espada. ¿Tendría que matarlo? Albergaba la esperanza de no hacerlo. A un paso de él, ella pudo sentir su dolor y su arrepentimiento. La ira se había apagado casi por completo. Un pesar iba ocupando su lugar. El pesar de haber matado a muchos hombres. Extendió los brazos y él se hincó y se recargó en su pecho. Empezó a llorar sin decir nada. “No pasa nada.” Respondió ella. Echó una ojeada y vislumbró que llevaban el mismo libro, con el mismo símbolo.


“Los maté a todos”, dijo él. “Maté a todos esos monstruos”, dijo con la voz fría como un témpano. Y ella comprobó que, en efecto, había dejado un rastro de muertos en todo el edificio. Mismo objetivo, diferentes amos. Ambos eran mercenarios buscando el mismo registro. Sólo que él había ido a buscar y destruir y ella sólo a buscar. Se reincorporó un poco y la besó en la mejilla.


Puso su mano sobre el hombro de Lobo. “Acabaré con ellos. Ellos han matado a muchos de los míos.” Dijo Vita. Él no se molestó en contestar. La oscuridad le impedía ver su semblante. “Yo acabaré con ellos mañana mismo”, pudo leer ella en su mente. Alivió un poco el dolor de su mente y se apartó de él al darle un beso en la frente. Ella le quería, pero ahora él estaba muy perturbado para poder reaccionar adecuadamente. “Te veré pronto, Efe. Cuídate hasta entonces”. Y la asesina se internó en la oscuridad. Dejó al estupefacto mercenario atrás. Lo vería pronto, ella lo sabía. Corrió hacia un barranco y llamó a Elos, un dragón. También te devolveré a tu amigo, pensó ella. Y alzó el vuelo mientras veía un mar de estrellas.


Khan Medina


cuentos


 Él llegó anunciándose junto a su hueste maldita como dioses que resolverían todo. La esperanza fue lo peor… El mejor regalo que puedes reci...

 Él llegó anunciándose junto a su hueste maldita como dioses que resolverían todo. La esperanza fue lo peor… El mejor regalo que puedes recibir y lo primero que ellos se encargaron de pisotear. El señor maldito acabó con todo lo que amábamos y nos convenció de que fuimos nosotros mismos y nuestras propias decisiones. Conocí monstruos y terribles seres pero nadie como él… Aún tiemblo de sólo escuchar su nombre en mi mente… Y ese temblor es lo que me mantiene vivo hasta el día que acabe con él.


Khan Medina


Cuento Corto


 "Hay un monstruo en mi armario", le dije a mi padre.  "Ya duérmete y deja salir a tu hermana del armario", me contestó ...

 "Hay un monstruo en mi armario", le dije a mi padre. 

"Ya duérmete y deja salir a tu hermana del armario", me contestó cuando iba saliendo del cuarto.

Me resigné y me dirigí al armario. Había un hilo de sangre escurriendo del interior. Abrí la puerta y mi hermana estaba rompiéndole el cuello a uno de esos desgraciados. "Mañana te toca a ti", me dijo resollando.

Me encogí de hombros y la dejé salir. Es cierto, al día siguiente me tocaba a mí. El escepticismo de mi padre era enfermizo. Me cagan los escépticos.

Khan Medina




 El Puas y la Zarpa me habían detenido. Los policías más corruptos que rondaban por mi vecindario. La Zarpa fue por una multa mientras El Pu...

 El Puas y la Zarpa me habían detenido. Los policías más corruptos que rondaban por mi vecindario.

La Zarpa fue por una multa mientras El Puas me arrestaba.

"¿Dónde está mi compañero?" dijo la policía cuando volvió.

"Dijo que iba por otro botín más grande y se largó" dije con un hilo de voz.

La chica se fue corriendo a la patrulla y arrancó.

Qué tonta, no notó el arañazo en mi sien y el chorro de sangre que escurría de la cajuela de mi auto.


Khan Medina


cuentos cortos


T odo es Mágico.      La verdad es que recuerdo perfectamente cómo fue todo. La primera vez que la vi, su primera sonrisa, su primer comenta...

Todo es Mágico.


    La verdad es que recuerdo perfectamente cómo fue todo. La primera vez que la vi, su primera sonrisa, su primer comentario. Dios, era mágica.

    ¿Qué si recuerdo su primer comentario sarcástico? Claro que lo recuerdo, ni siquiera era para mí pero lo tomé como mío. Me apropié de él como un tesoro.

    Todo es mágico, desde sus muletillas verbales hasta sus gestos que hace cuando habla, su mímica, todo.

    No es que me lo merezca, pero quiero, lo anhelo como un momento mágico, es... inefable. Y es cuando llega mi epifanía, es ella. Lo sé al primer año de conocerla...

    No dudo, se que es y será ella mi eterno momento mágico.

Khan Medina


pensamientos