La discusión en la oficina del director no
dejaba concentrar a Yan. Había querido sumergirse en el aburrimiento
productivo, pero después de tres intentos, se rindió. Miró al profe Liam que
estaba a su izquierda, en otra de las sillas de espera y él parecía de lo más
entretenido. Desvió la mirada al calendario que tenía marcado el número trece
con varios círculos rojos, indicando el inicio de los Juegos Interescolares.
—Lo
reitero. ¡Deberíamos expulsarlo! —Se oyó gritar al profesor de Ética detrás
de la gruesa puerta de madera del despacho—. Es una manzana podrida que va a
pudrir a las demás.
—Si
no te cae bien, puedes sacarlo de tu clase. —Se le escuchaba al director
con una ligera burla—. Ponle un siete y que ya no entre. Podría ser un ocho
para que no afecte su promedio.
—¡Pero
eso ya lo hice! Ya me echó a perder también a Lucas, a Isaac, a Mila y hasta a
Maya. ¡Carajo, me dijo estúpido en mi cara!
—Pues
eso demuestra lo lista que es. Siempre acierta. —Una risa socarrona resonó
en el lugar.
—¡No
me da gracia, Osvaldo!
—A
mí tampoco me da gracia. ¿De verdad piensas que te voy a creer que nuestra
alumna número uno se portó mal de la nada? ¡Por favor! No me vengas con
tonterías. Además, ella es como un ciervo asustadizo.
Yan
se removió en su asiento, pero el profesor le hizo una seña para que se
calmara.
—¡De
acuerdo! Pero algo tenemos que hacer con Bestia.
—¿Crees
que acceda a salir en otra foto de la escuela?
—Parece
que tienes un fan. —Liam miró de reojo a Yan.
—¿Cuánto
crees que tarden? —Se llevó sus manos detrás de la cabeza—. ¿Eso que traes es
un walkman de casetes? —Señaló un aparato que sacó de su chamarra el profesor.
—Ten,
póntelos y finge escuchar música. Ya casi salen.
Se
escuchó el picaporte girar y antes de abrir, el director añadió:
—Ellos
están aquí por méritos, tú estás aquí por lástima. Si no puedes controlar unos
simples muchachos, traeré a alguien que sí pueda.
La
puerta se abrió y vieron al profesor de Ética con el rojo de la ira pintando su
cara. Yan lo saludó con un signo de amor y paz mientras marcaba un ritmo que no
existía con una de sus piernas. Liam alzó su gorra a modo de saludo y le dedicó
una sonrisa tan cortante que el otro docente tuvo que desviar la mirada.
—Buen
día, director —saludó Liam y pasó a la oficina precedido de Yan—. Venimos en
cuanto nos llamaron.
Bestia
saludó y tomó asiento mientras veía la oficina ostentosa del director. Había
una foto de él mismo con su copete entrecano abundante y su sonrisa falsa justo
a su espalda.
—Díganme,
¿ya tienen todo listo? ¿Creen que nos ganemos todas las preseas?
—Creo
que serán la mayoría. —habló Liam y se rascó con pereza la barba—. Las otras
escuelas no se van a dejar, pero nuestros equipos están al tope de su
rendimiento.
—Y
nuestra gran estrella. ¿Ya listo para barrer el piso con tus contrincantes?
—Hizo una seña de euforia con los puños.
—Siempre listo, director. —Sonrió mientras
cruzaba los dedos enfrente de él y se quitaba los audífonos—. Para mí es un
poco salvaje que los jóvenes juguemos competencias cinco días seguidos, pero…
para eso entrenamos.
—Me
alegra saberlo, pero no son partidos completos, García. Solo las finales se
juegan así. —Se pasó una mano por el copete—. Tienes un futuro brillante,
muchacho. ¿Es verdad que estás inscrito en todos los equipos?
—Estoy
donde hace falta. Y donde no, están Lucas y Robi. Confío en mis dos amigos para
lo que no alcanzo a hacer.
—Un
muchacho con espíritu de equipo y ambición. Me agrada. Así debe ser la
juventud. ¿Qué va a ser de nuestro campeón cuando salga de aquí?
—Pensaba
en trabajar, para eso nos prepara la escuela, ¿no? Pero también podría ir a una
buena universidad en Canadá. Allá tengo un pariente. —Dibujó media sonrisa.
—¡Tonterías,
muchacho! Aquí tenemos lo mejor gracias a la increíble gestión de nuestro
exgobernador. Pide la admisión a donde quieras aquí en el Estado, ¡la tendrás!
O pide otra cosa respecto a educación. Se puede negociar.
Los
pocos dotes de actuación de Yan permitieron que guardara la compostura. Se
encogió de hombros antes de hablar.
—Tiene
razón, patrón. Creo que aquí tenemos buenas carreras.
—¡Las
mejores, mi muchacho! Ojalá todos lo vieran. Hay uno que otro aspiracionista
que cree que puede encontrar cosas mejores fuera…
Las
voces del director y el coordinador se perdieron en la incomprensión. Yan dejó
de prestarle atención y sopesó sus palabras. Acababa de comprobar que el
director no apoyaría a nadie que quisiera salirse del Estado, después de todo,
sabía que el mandamás de la escuela era amigo del exgobernador. Un chasquido de
dedos lo devolvió al presente.
—Te
habla el director, muchacho.
—Como
decía, Yan, ¿te importaría salir en las fotos de karate? Si hacemos buen papel,
tal vez podríamos conseguir más presupuesto y contratar nuevamente un senseyi
que tenga tiempo.
—Yo
acepto, dire. —Trató de aguantarse la risa—. ¿Tenemos dinero para un fotógrafo?
—Alzó una ceja.
La
puerta sonó a sus espaldas y el director invitó a pasar. Un muchacho con la
mirada agachada entró a la oficina. Llevaba una cámara en mano que apretaba con
fuerza.
—Pues
no, pero para eso le he llamado a Pedro. Va a tomar todas las fotos para la
promoción de la escuela. —Lo señaló con un brazo.
Yan
conocía al muchacho de audiovisual que ayudaba en Sistemas. Trató de disimular
una sonrisa y habló con ligera prepotencia mientras un plan se maquinaba en su
mente.
—Bueno,
hablando de pedir y negociar, sí tengo una petición para Pedro. Ahora ya
conozco a todos mis compañeros deportistas —mintió—. Yo le diré qué fotos tomar
y en quién enfocarse. Lo quiero a mi cargo por completo.
—Claro,
muchacho. Lo que digas.
—Oye,
Pedro. ¡Tráeme fotos del Hombre Araña! —Alzó un brazo imitando a James Jonah
Jameson Jr.
El
muchacho se sobresaltó y solo asintió con vergüenza.
—Pues
así quedamos —sentenció el director con una sonrisa que mostraba mucha
dentadura—. ¡Fotos y trofeos, muchacho! ¡Que tengan buen día y mucha suerte!
Pedro
salió a la carrera. Yan se despidió con una seña de respeto y Liam lo siguió al
pasillo. Cuando llegaron al patio cívico, fue el profesor el que habló.
—Estás
tramando algo, bambino.
—El
director dejó muy claras las reglas del juego… y yo soy un tramposo
excepcional. —Se metió las manos a los bolsillos y se encaminó a su casillero.
Después de la cuarta hora, las clases se
habían suspendido. El patio cívico y los alrededores estaban llenos con todo el
alumnado presente bajo un cielo nublado. El director, postrado junto a su
busto, al centro de la escuela, sonreía orgulloso. El discurso de Kira estaba
por terminar:
—…
así pues, no espero que se desgasten para ganar. ¡Espero que se superen a sí
mismos!
Los
gritos inundaron el recinto y algunos alumnos empezaron a marcar un ritmo con
el calzado. Yan estaba situado junto al coordinador de deportes y los demás
docentes de la Academia. Mandó llamar a Pedro con una seña y le susurró cuando
lo tuvo al lado.
—¿Ves
a toda la capitanía al frente? —El camarógrafo asintió—. Tómale foto a Maya, al
lado de Kira y después al resto. Al final, tomas fotos de todos los profes de
Deportes.
—¡Muchachos
—Mila se había puesto de puntas para tomar el micrófono—, las clases solo serán
de siete a diez esta semana! ¡Que comience este magno evento!

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