Gisela estaba sentada y comiendo unas
palomitas de maíz mientras Yan se ejercitaba en el suelo. Se encontraban en las
terrazas de la cafetería. Revisaba su teléfono con pereza. Se acomodó su rojizo
cabello con una cabezada. Leyó el último mensaje con las nuevas del tercer día
de juegos para después dirigirse a su amigo.
—¿Faltaron
muchos al equipo de beis?
—Tomás
regresa el viernes y algunos están un poco lastimados. David es un idiota para
entrenarlos. —Se puso de pie—. Informe, por favor.
—Vamos
invictos en básquet, fut, voleibol obviamente y atletismo gracias a la bonita.
Seis medallas y cinco reportes. Todo un récord para ella. Hoy te encargas de
que sigamos con racha en beisbol.
—¿Y
en tochito? ¿No debías estar apoyando a Kira?
—Sabes
que no le gusta que la veamos si no está segura de ganar. Sus pedillos mentales
que tiene. —Sonó una notificación y abrió mucho los ojos—. Ay, no… Acaba de
perder. Eliminaron a ambos equipos.
—¿Varonil
y femenil? ¿Con todo y que la Movida está con ella?
Gisela
asintió y se puso de pie. Leyó los varios mensajes que le llegaron y dejó su
bolsa de chucherías en la banca. Empezó a andar con pasos vacilantes hasta que
Yan la detuvo por el hombro.
—¿Puedes
ir a hablar con ella, Bestia? Por favor.
—Uno.
No estoy loco. Me da miedo, no manches. Dos. Es tu amiga y tú tienes que
apoyarla. —Vio que iba a protestar y enfatizó lo que iba a decir—. No, no. De
verdad son amigas y necesita de ti. Tú eres quien la conoce más. Ve y…
A
lo lejos, pudieron ver a Kira con un andar pesado y la vista fija en el piso.
Se dirigía al primer gimnasio y apretaba su banderín con un puño. Cuando se
acomodó su corte asimétrico con una mano pudieron ver un augurio de muerte en
su rostro. Ella entornó la vista cuando cruzaron miradas y Bella y Bestia
sintieron que el ambiente se enfrió de la nada. Tomó su teléfono cuando reanudó
su marcha furibunda.
—¿Puedo
ir al rato con ella? —Gis tragó saliva—. Ahorita tal vez quiera estar sola.
—Cuando
acabe el partido. —Sonó una notificación en el teléfono de su amiga—. Es ella,
¿verdad? ¿Qué dice?
—Que
no la molestemos y que pidamos a alguien de la Mesa de Alumnos que vea el
encuentro. Ay, Yan. Pobrecita. —Suspiró—. Bueno, ¿a quién le pedimos que venga?
¿Yan?
—Ahí
viene la Princesita. Dile que tiene el compromiso y que yo la invito. —Entornó
la mirada y aguzó el oído—. Oye, ¿qué es eso que tararea? Lleva así desde la
mañana.
—Dame
un momento, ahorita te digo. —Entrecerró los ojos y empezó a repetir la tonada
a su teléfono—. Es esta, mira.
Yan
vio la respuesta en la pantalla y se sujetó la barbilla mientras razonaba.
—Antes
de ir con Kira, lleva a Maya conmigo a la cafetería.
—¿Una
cita aquí en la escuela? —Sonrió y se llevó ambas manos a los labios.

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