Una conversación entre dos amigos. Espero les siga gustando.
La calma que hay cuando la escuela se encuentra sola era de los momentos más aburridos para el profesor Liam. Estaba recargado sobre el barandal afuera del campo de béisbol. Había dado ya dos sorbos a su licorera cuando escuchó pasos detrás de él.
—No sé si deba reportarte
por traer alcohol a la escuela.
La voz de su amigo lo hizo
voltear.
—Sabes que no tomo, Eric. No
quiero ni debo. —Olfateó el recipiente como para cerciorase de sus palabras—.
Esto, es jugo de manzana. —Sacó una cajetilla de cigarros de un rosa chillón y
se la tendió a su amigo—. ¿Quieres uno?
—¡¿Qué te pasa, Liam?!
—Son de chocolate. Tú te lo
pierdes. No traes buenas noticias. O sí, ¿bambino?
—No me gusta que tu muchacho
se junte con mi muchacha.
El coordinador se desperezó
y miró al cielo antes de replicar.
—Si por mí fuera, nunca se
hubieran conocido, pero el destino es tan culero como David es pendejo.
—¿Cómo dices?
—A inicios del semestre,
Maya se topó con Bestia después de ir a hablar con el director, tu amigo...
—¡El tuyo!
—... según entiendo, iba
como alma en pena y escuchó el desmadre que había iniciado David en el
diamante. Ahí vio que Yan intentaba calmarlo, solo que no lo sabía. Ella solo
vio a Bestia despacharse a toda la bola. ¡Caray!, alcancé a ver cómo tu
prodigio le hacía una llave y lo lanzaba contra esta reja. No sé quién estaba
más sorprendido, si el muchacho o yo. No, ¡qué va! Cuánta técnica tiene la
condenada.
—¿O sea que todo esto lo
provocó David?
—Hey, colega.
—Me relleva con ese pendejo.
—Lo hecho, hecho está, ¿no?
—Se dio la vuelta—. Pero mira lo que ha pasado con ambos. Él tiene menos ira,
llega temprano a la escuela… y ella ya por fin encaró a aquellos.
—Y se ganó un reporte.
—Y bien ganado, ¡carajo! Me
llena de orgullo la jodida influencia de mi muchacho. Así debería ser. Ni me
mires así, Eric. —Le lanzó una sonrisa burlona—. Tú puedes arreglar esto.
Siempre lo haces. Todo lo bueno en esta escuela es porque tú lo sabes resolver.
A pesar de ser un halago y
la verdad, ese comentario le pesó al licenciado. Se cruzó de brazos, tratando
de pensar.
»Tanto que me costó que Yan
no se acercara a tu alumna modelo. Tiene a Gis y su Aquelarre y ellas lo
mantenían al margen. Pero así es esto. Ojalá tu muchacha lo cambie para bien.
Ojalá toda la condenada existencia de Yan retumbe.
—Es un poco voluble.
Un cigarro de chocolate fue
llevado a su boca antes de que el coordinador replicara.
—¡Que llore, ría, se exalte
y se conmueva! Que viva y deje atrás su pinche cáscara de odio. Ya le hace
falta.
—Ajá, ¿y tu campeón podrá
soportarlo?
Liam desvío la mirada. No
dijo nada y sacó un segundo cigarro de chocolate. El silencio estaba por
estancarse en ese lugar de la escuela.
»Te pido perdón, Liam. No
quise decir eso.
—No, está bien. Él hace
comentarios peores, créeme.
Después de un momento, el
licenciado supo qué decir.
—Qué feo es el destino,
colega. ¿Podemos hacer algo?
—¿Cómo qué, separarlos?
¿Para qué? Eso sería peor ahora. Que el destino sea el culero, no nosotros.
—Solo te pido que… —Suspiró.
—Te voy a hacer una oferta
que no podrás rechazar. —Habló en una pésima imitación de Vito Corleone—. Yo
les echo un ojo, para que a ti no se te suban los huevos a la garganta de
tantos nervios. ¿Capisci?
Eric sonrió a su pesar y se
relajó un tanto.

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