Era la cuarta vez que Yan bostezaba mientras esperaba la hora de karate. Acababa de dejar el taller y estaba sentado en el suelo junto a las...

La confianza en la Reina



Era la cuarta vez que Yan bostezaba mientras esperaba la hora de karate. Acababa de dejar el taller y estaba sentado en el suelo junto a las gradas del circuito de atletismo. Aunque el cielo estaba nublado, él se sentía seguro de que no llovería. Con su laptop sobre las piernas, se desperezó para concentrarse.

            Mila le hacía compañía. La jefa del Comité de Eventos tenía de frente también su equipo y esperaba que Yan le ayudara con su encargo.

            —¡Bestia, por favor! Quítate la laptop de ahí. ¿Que no sabes que te puede dejar estéril?

            Él sonrió antes de pasarse su computadora personal por todo el regazo.

            —Con la suerte que tengo, de seguro ya lo soy.

            Ella puso los ojos en blanco, pero sonrió antes de continuar revisando listas. Se acomodó sus dos trenzas a la espalda para después rascarse ligeramente detrás de la oreja.

            —Entonces… según los profesores, nos faltan uno o dos alumnos en los equipos de fut, beis, básquet y la delegación de karate.

            Yan bostezó antes de contestar. El letargo estaba afectándolo un poco.

            —Apúntame en todos.

            Mila se inclinó un poco con la boca ligeramente abierta y los ojos entornados.

            —¿Estás seguro?

            Él empezó a enumerar con los dedos.

            —Puedo tirar penales o entrar los últimos diez minutos a golear, puedo ser pitcher, jugaría solo el cuarto tiempo en básquet y de karate no te preocupes.

            —¿Todo eso? ¿Cómo que no me preocupe de karate?

            —Yo los entreno. Puedo pelear si les falta alguien.

            —Ah, cierto, cierto. Disculpa, Yan, se me pasa. —Se llevó una pluma a la boca—. Ojalá eso y tu labor en Brigada Escolar no te dejen exhausto. Dice el profe Liam que al equipo de atletismo le falta una persona. ¿A quién podemos poner?

            —Fácil. Manda a Robi, él puede.

            —¿No está en el equipo de beisbol?

            —Apúntalo. Y si no quiere, lo obligo.

            —No, no. ¿Y si le sufre por tanta actividad?

            —Mila, no manches, sufrí más yo con mi ex y aquí sigo.

            Ella hizo caso omiso del comentario y apuntó al muchacho a la vacante de atletismo. Se acomodó el fleco y notó que Yan tenía la mirada detrás de ella. Él se puso de pie de un solo impulso mientras mandaba la laptop a hibernar. Dio unos pasos de forma distraída.

            —Oye, ¿qué le pasa a la Princesita? —Tenía los ojos entornados para ver a la distancia que Maya caminaba arrastrando un poco los pies.

            —Creo que su profesor de Ética le levantó un reporte. —Sonrió con malicia sin que él la viera—. Dicen que le pondrá un cero y que tal vez le retiren la beca.

            La mirada de Yan ardía como una fragua al darse vuelta. Apretó los dientes antes de hablar.

            —¿Qué le pasa a aquel imbécil? No puede hacer eso. ¿Por qué se emperró?

            La chica había palidecido mientras daba un paso atrás.

            —Era broma, Yan, tranquilo. —Revisó su teléfono para leer un mensaje—. Lo encaró por corrupto y prepotente y… la expulsó de la clase. Tal vez solo está un poco perdida. Yo creo, creo que nunca le habían puesto un reporte. Se recuperará, puede presentar un examen para toda la materia. ¿Vamos con ella?

—No te preocupes. La clase de karate la animará o la calmará. Yo me encargo de eso.

Bestia relajó los hombros y respiró hondo varias veces.

            —Ay, Yan, que nadie lo sepa, pero me conmueves.

            Él solo gruñó y se sentó en la banca donde su amiga había estado. Concentrarse de nuevo le iba a costar mucho. Se rindió después de un instante.

            —Mándame todo lo faltante, por favor. Ahorita voy con Liam para encargarnos de esto. Mila, ¿crees que lo de Maya se resuelva? ¿Y si vamos y hablamos con…?

            Su amiga le dio una palmada en el hombro antes de sonreírle. Su calidez hizo que se calmara por completo.

—Estoy segura de que ya se adelantó. En el ajedrez y en esta escuela, siempre debes tenerle confianza a la Reina.



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