La noche anterior, Maya había recibido un mensaje ya cuando estaba a punto de sumergirse en sueños. "Te veo a las 9 am donde nos separamos", era lo único que rezaba. Todo lo que había sucedido los últimos dos días la tenían abrumada.
Su alarma no sonó y apenas
tuvo tiempo de asearse y desayunar. Con redecilla en mano, Maya salió dispuesta
a ayudar con la labor en el santuario.
Aún iba un poco adormilada
cuando llegó al cruce donde Yan la solía dejar. Faltaba un cuarto de hora y
entornó la vista ante la ausencia de Bestia.
—¿A quién buscas? —preguntó
una voz a sus espaldas.
Yan iba vestido con su
habitual ropa negra. El aroma de su perfume se mezclaba con la fragancia
estival llevada por el viento. Maya notó que lucía un poco formal.
—Oye, ¿no me citaste un poco
tarde para ayudar en el santuario?
El muchacho sonrió con
ternura antes de hablar.
—¿Por eso traes la
redecilla? No vamos a ayudar. Ya les pedí a Lucas y a Rob que lo hagan hoy. Hoy
es nuestra cita.
Ella se miró la ropa y,
aunque no sentía que lucía mal, sí se sentía un poco fachosa con sus pantalones
de muchos bolsillos y su blusa holgada. No sospechó que hoy saldrían en pareja.
Él se acercó a ella para quitarle la redecilla con cuidado y la guardó en un
morral pequeño que cargaba junto a un portaplanos.
—¡Qué tonta me siento! Debí
suponerlo, pero no ando muy despierta todavía y eso que ya casi son… —Miró su
reloj—. Llegaste antes, ¿no?
—Primer consejo que te doy,
Princesita. Tu pretendiente debe llegar a tiempo. Si no, debe tener una muy
buena razón para no hacerlo. El tiempo es lo más valioso que tenemos, que no te
lo desperdicien. ¡Sígueme!
—¿A dónde vamos? —dijo ella
al ponerse a la par de sus pasos.
—Es una sorpresa.
Llegaron a un local de pinturas que apenas
estaba abriendo. Maya lo miró y alzó una ceja.
—¿Vamos
a comprar pinturas o vamos a ayudar aquí?
—No.
Vamos al piso de arriba.
Ella
retrocedió un poco y notó que el segundo piso tenía unas ventanas abiertas
donde se apreciaban unos caballetes.
—¿Es
un taller de pintura?
—Y
de dibujo. ¡Vamos!
Subieron por las escaleras
angostas que había por un costado y llegaron a un estudio amplio con dos
modelos al centro. Una chica y una maqueta. Había una maestra de cabellera
oscura que se paseaba entre los varios artistas diseminados por el lugar. A Maya
le gustó percibir el aroma de las pinturas, el grafito y la madera y cera de
los lápices. Sonaba una canción de nu metal que no reconocía desde un
minicomponente.
La profesora volteó a verlos
apenas cruzaron el umbral.
—¡Buenos días, chicos!
—¡Maestra Clara! —se
sorprendió Maya—. ¡Buenos días!
La había reconocido al
instante gracias a su overol y su sonrisa amable, era la docente que le
impartía las clases de Arte en la preparatoria.
—Clara de nombre y de las
manos. —Las levantó para mostrar la despigmentación causadas por el vitíligo.
—¡Me cae muy bien tu
maestra! —Bestia sonrió y también la saludó.
—Llegas muy temprano,
García. En aquella esquina está el material que solicitaste. —Señaló con un
movimiento de brazo.
Maya fue guiada hasta una
mesa de dibujo mientras Yan se sentaba frente a un caballete. Clara los siguió
para indicarles todo el material del que disponían.
—Hija, dime, ¿con qué
quieres empezar?
—Yo voy a dibujar a la
chica. —No esperó más para tomar un lápiz y empezar a plasmar a la muchacha que
posaba sentada sobre un taburete acolchado.
—Yo elijo la maqueta de la
galería —habló Yan y tomó con torpeza un pincel y una paleta.
Maya empezó a cambiar de
lápices y utensilios a toda velocidad mientras sonaba Given Up de Linkin
Park. Sus trazos comenzaron a ser violentos para emparejarse al ritmo de la
canción. Entre líneas y garabatos pudo acomodarse con destreza el cabello con
una liga. A pesar del fresco que entraba por la ventana, el sudor empezó a
deslizarse por su frente. Los temas musicales no cambiaban de género y para la
quinta pista, ella ya había apartado el banco y estaba de pie sobre la mesa de
dibujo.
»¡Princesita!, parpadea por
favor —dijo Yan con una sonrisa en la voz.
La chica volteó a verlo y se
dio cuenta que respiraba agitadamente.
—¡Ay, me dejé llevar! —Jaló
su banco para tomar asiento.
—Es una obra muy bonita,
como siempre. Estilo cartoon. —La maestra estaba a un costado evaluando
su trabajo—. ¡Ay, Yan! —Abrió mucho los ojos cuando volteó a ver su caballete—.
Tu pintura es…
—Bastante horrible, ¿verdad?
¡Qué bueno que no pedí admisión en la Academia de Bellas Artes de Viena! —Una
sonrisa desvergonzada se asomó a su rostro.
—¡Que el destino nos libre
de eso! Sigan, muchachos, no los interrumpo.
Yan observó unos instantes a
su cita antes de hablar.
—Bueno, Princesita, esta es
la parte donde tu pretendiente debería preguntarte sobre ti y escuchar.
Entonces… —Se aclaró la garganta—. Dime, Maya, ¿qué quisieras hacer? ¿Qué sigue
de la alumna ejemplar cuando se gradúe?
—Yo quisiera estudiar en una
universidad europea. Alguna italiana. No importa qué carrera o campo. Solo
quiero viajar, prepararme y ver qué hacer después. Lo anhelo demasiado, pero…
—Lo miró un instante de reojo—. Pero es difícil entrar si no tienes dinero. Una
carta de recomendación del director podría facilitarme un poco las cosas, pero
él se niega a… —No pudo terminar la frase.
—No esperes mucho del
pendejo del director. Si por él fuera, ni siquiera tendríamos de profesora a la
maestra Clarita. —Dio unos pincelazos para afear más su obra—. Podrías
conseguir una carta de otra persona. Alguien más importante.
—No estoy tan bien
relacionada. No conozco a alguien influyente. —Suspiró—. Espero que el director
me haga caso pronto.
—¡Exígele, caray! ¡Estás en
tu derecho! Ponte recia como con los pendejos de los profesores.
—Tengo miedo, Yan. ¿Y si
además de no darme la carta toma alguna venganza? No me quiero arriesgar.
Bestia lo entendía. El
director era buen amigo del fundador de la preparatoria, el exgobernador del
Estado. El político mismo había colocado a su compadre como mandamás del
instituto. Yan se quedó silente. Sus pinceladas se detuvieron un momento
mientras veía a su cita sumergirse de nuevo en “la zona” para retratar con
exceso de energía.
Después de despedirse y agradecerle a la
maestra Clara, salieron al templado día. Él sujetaba con cuidado la obra de
Maya para apreciarla.
—¿No
hay pedo si me la quedo?
—¿La
quieres?
—Pues
no creo que tu papá la quiera poner afuera del refri. Y si todass son tan
buenas como esta, ya no han de caber. —Ella sonrió y asintió. Bestia enrolló el
papel y lo colocó en un portaplanos.
—También
es parte de mi lección de citas, supongo.
—Sí.
Se tienen que interesar por lo que haces. Pero a mí el arte me ayuda calmarme,
ver o hacer arte me ayuda mucho. Por eso me quedaré con esta.
Anduvieron
un momento mientras el sol iba calentando el ambiente. Maya volteó a verlo e
inclinó un poco la cabeza antes de hablar. Había una pregunta que tenía en
mente desde hacía semanas.
—Yo
no te pregunté nada a ti.
—No hace falta, en la
primera cita, tú deberías ser el centro de atención. Además, yo soy un libro
abierto. Pero a ver, dispara.
—Yan —habló dubitativa—,
¿por qué siempre estás enojado?
—Es
parte de mi radiante personalidad. —Ella entornó la mirada. Él se acomodó su
trenza antes de agregar—. ¿Puedo dar la versión corta?
—Por
favor.
—Pues…
la vida a veces es muy culera. No tanto como mi ex, pero igual lo es.
—Eso
me gano yo por preguntar. —Una sonrisa se había trazado en su rostro—. ¿Qué
planea el Príncipe mañana cuando nos veamos?
—Ah,
eso no te lo dije ayer. El domingo está apartado.
—¿Porque
es día de Dios? Eres muy espiritual, pero no pareces religioso.
—Ese
día es exclusivo del santuario y mi mamá. Lo paso con ella. Mañana no te
preocupes de ir a la caridad, Mila me va a ayudar. Hablando de buenas amigas,
aquí viene tu sombra.
Las despedidas fueron breves y prometieron verse el lunes. Maya emprendió el camino con Sam y le empezó a contar cómo le fue. Cuando volteó, le pareció ver que Yan tenía una mirada de consternación en el rostro. Sin embargo, ella no tenía tiempo de cavilar sobre eso, pues había una agenda abrumadora por delante. La semana de Juegos Interescolares empezaba el lunes.

0 Comments: