Era viernes pasado el mediodía y Maya disfrutaba de la calma que le había dejado atrás el fin de los Juegos Interescolares. Se encontraba recostada en una banca, cerca de la cafetería mientras disfrutaba de un fresco día nublado. El sonido distante de los festejos en los salones y del abarrotado comedor se vieron interrumpido por la carrera de alguien.
—Maya,
¡hola! —Era una de las chicas de karate—. Oye, qué bueno que andas libre. El
otro sensei te está buscando.
Ella
tardó en comprender de quién se trataba.
—Hola.
Sí, dile que ahorita voy. ¿Dónde lo veo?
—Te
espera entre los dos gimnasios. —La chica dio un saltito emocionada—. Dijo que
cuando aceptaras, te diera esto. —Le tendió una casaca limpia en una bolsa—.
Muchas pero muchas gracias, Maya.
Llegó con el uniforme de karate puesto y
el cabello amarrado a donde Yan la esperaba. Los saludos fueron breves y ella
notó que él tenía una cara de molestia.
—No
me has contado cómo derribaste a David en la clase que no pude asistir. ¿Crees
que me puedas enseñar? —preguntó él con ligera urgencia.
—Sí,
eso creo. ¿Es para el torneo? No creo que sea buena idea que uses movimientos
de aikido en un torneo de karate, Yan.
—Es
el Abierto de Artes Marciales del Estado.
Ella
no tardó en comprender a qué se refería. Pensó que variar las técnicas le daría
más ventaja. Cuando iba a replicar, él habló primero.
»Antes
que nada, necesito que me ayudes a enlistar a una persona.
—¡No mames, Yan! —estalló Vika—. ¿Por qué
vienes a mí para eso? Yo juego voli, acabamos de ganar el primer lugar.
Se
encontraba recostada en la reja del campo de beisbol y tenía los brazos
cruzados mirando a Yan con furia.
—Pues,
¡felicidades! Antes practicabas muay thai, creo que sí puedes con esto.
—¡Tiene
años que no lo hago! Estoy fuera de forma, imbécil. ¿Qué tal si me lastiman?
No… ¿qué tal si lastimo a alguien por no saber controlarme?
—Pues
no le sujetes la cabeza a tu rival y lo muelas a rodillazos, pero sí te lo
tengo que pedir. —Hizo una reverencia hasta el piso. Era la viva imagen del
respeto.
Ella
torció la boca y se inclinó hacia el frente.
—No
hagas eso, Yan —habló con un hilo de voz—. ¡Levántate! No me siento en forma
para esto. Pídeselo a alguien más. No hay nada que me convenza de…
—¿Ni
siquiera el hecho de que tu antigua rival de gimnasia va a estar ahí?
Vika
se quedó callada. Endureció su semblante mientras Yan volteaba a ver a su
compañera. Maya se hincó frente a ella y antes de hacer la reverencia Vika
exhaló con fuerza.
—¡No
empieces tú también! —gruñó—. Le entro, pero ya dejen sus pinches teatritos.
—Se puso de pie para seguirlos al segundo gimnasio.
Apenas llegaron, Maya vio el panorama que
habían dejado todos los torneos de la semana. Solo estaban otros cuatro chicos
de karate, incluyendo a David y a Lucas. De las chicas, había dos, pero una de
ellas llevaba un brazo vendado. Parecían los remanentes de una batalla.
Después
de los saludos y de empezar el calentamiento, Maya pasó al centro de la duela
junto a Yan. Él le pidió con respeto que le mostrara los dos agarres que le
aplicó a David en aquella ocasión. Ella indicó que primero se acercara con
patadas y después con golpes.
Yan había caído cuatro veces
contra la lona y se levantó aparatosamente. Se puso de pie para empezar a
cavilar. Después se lanzó con golpes como ella le había pedido y en el último
embate, él se protegió con rapidez el pecho. Se levantó con un fluido movimiento
y empezó a respirar hondo.
—¿Fui muy lejos? —preguntó
ella preocupada.
—Perdón. Es la costumbre.
Quiero llegar lo más entero al torneo. Ahora necesito que me los expliques.
Ella detalló cada una de las
técnicas y llevó a Yan por pasos sobre cómo aplicarlas. Expuso dónde aplicar la
fuerza y cómo fluir. Eran un retrato perfecto de sensei y discípulo.
—Con esto podemos salir muy
bien parados de ahí —declaró Yan—. Esto les facilitará la vida a toda la clase.
Gracias, amiga.
—Ay, Yan. —Maya sonrió y se
le quedó mirando.
—¿Qué pasa?
—Nada. Continúa con la
clase, yo te apoyo.
Ella no quería decirlo, pero
ambos gestos se le hicieron de lo más enternecedor. Él se preocupaba
genuinamente por sus estudiantes.
Como sensei, les mostró las
técnicas con ayuda de ella. Los puso a entrenar por parejas. Vika consiguió
hacer los movimientos a la primera y empezó a practicar con Lucas y después con
las chicas. Yan detalló quiénes irían a la pelea por equipos y quiénes al
torneo individual.
La chica que estaba
lastimada dijo que se presentaría al torneo, pero que veía difícil competir.
Vika se ofreció al torneo en grupo y Lucas acompañaría a Yan al otro, junto a
David.
—Yo me siento listo, Bestia
—habló este último—. No creas que por ser un novato me voy a rajar.
Las puertas del gimnasio se
abrieron y el sensei en regla observó a su clase hacer los agarres que Maya les
había enseñado. La sonrisa asomó a su rostro antes de que el habla acudiera a
él.
—Vaya, pero ¿qué tenemos
aquí?
—Es algo que pensamos Maya y
yo, maestro —habló Yan—. Con esto podemos ganar sin arriesgar más el físico.
—¡Bien hecho, hijo!
Contundencia y fluidez, el estilo de mi escuela. ¿No tienen otro movimiento,
solo por si acaso?
Yan volteó a ver a Maya con
genuina curiosidad. Ella fue al centro con la determinación de los verdaderos
maestros. Con el mismo ímpetu, pidió que la observaran.
—Esta técnica es para parar
en seco al rival. Se debe hacer un solo movimiento. —Avanzó con un paso fuerte
y dio un codazo al mismo tiempo—. La rodilla va flexionada y el brazo es
guardia y ataque a la vez. Ven, Yan, te muestro.
Cuando Yan avanzó, el
maestro le tendió un peto enseguida.
—Debes llegar entero al
torneo, hijo. No te arriesgues.
Yan se puso la protección y
cuando quiso avanzar para atacar, el codazo de Maya lo sentó en un parpadeo. Él
sonrió y lo intentó de nuevo, esta vez Maya le aplicó el otro de los agarres
para sorprenderlo y cayó de espaldas, pero con suavidad contra la lona. Maya le
aplicó la misma fuerza como la que se usaría contra un principiante.
—Y aquí haces punto —explicó
y le sonrió, inclinada junto a él.
Yan se levantó y le estrechó
la mano a su compañera.
—Sensei, creo que ya estamos
listos.
Se habían puesto a entrenar en parejas y
Vika tuvo que hacer dueto con el maestro o con Lucas, pues solo ellos le
seguían el paso a su tempestad de violencia. Iban cubiertos con todo el equipo
de protección mientras la chica no les daba tregua. Una incesante lluvia de
golpes y agarres cada que atacaba la hacían lucir como un felino batallando.
David
gritó eufórico, cuando después de una decena de intentos, pudo derribar a Maya.
Se tendió sobre la lona y respiraba exhausto.
Maya
fue junto a Yan para ver al resto de la clase seguir practicando. Tenía otra
pregunta más acumulada en su mente.
—Oye,
amigo —sonrió—, ¿por qué le pediste a Vika que viniera? Ella es de voleibol.
—Se
ve que no la conoces. ¿Cuándo has visto que un equipo donde ella esté pierda?
Empezó
a hacer memoria. Desde que ayudaba en la escuela, ella había visto los
resultados de todas las justas y el nombre de Vika estaba junto al primer lugar
de las competiciones. Cuando la miró, el asombro se dibujaba en su semblante.
La chica que fluía como un río y que parecía tener una gracia felina, no
aparentaba cansancio pese a que llevaba una hora entrenando.
—Entonces,
¿estás seguro de que le irá bien en el torneo?
—¿Por
qué crees que Bella le dice la Victoriosa? El apodo no es de gratis, Maya.

0 Comments: